Camino de Santiago 2014 – Resumen

Día 8 – Séptima etapa: de Gernika a Bilbao

Empezamos una etapa que, sin saberlo, iba a ser la última. 7:20h de la mañana, abandonamos nuestro lujoso hotel de 1 estrella y nos pusimos en marcha rumbo a Lezama (21,8 km), aunque nuestro destino final fue Bilbao, sumando un total de 33 km.


La rodilla firmó una gran tregua conmigo durante gran parte de la etapa. El paisaje era increíble, tras cruzar una zona boscosa, pasamos un buen rato al lado de un valle lleno de niebla, tremendo.

Cuando pensábamos que ya habíamos visto el banco de niebla en su máximo esplendor, nos quedamos boquiabiertos al superar un repechón. Nos metimos de lleno en él. Apenas veíamos contornos a más de 100 metros.

Dejamos atrás a los australianos, los cuales siempre salían varias horas antes que nosotros. Eran buena gente, tuvimos varios momentos muy épicos con ellos. La etapa se nos estaba pasando muy cómoda, se notaba que llevábamos dos días descansando más que de costumbre.

La rodilla empezó de nuevo a dar por saco, para variar. Llegamos a un pueblo y nos quedamos sorprendidos cuando leímos en una indicación que sólo nos quedaban 4-5 km, nos pensábamos que aún faltaba la mitad de la etapa.


En una hora y poco, llegamos a Lezama. El pueblo era tan pequeño y normalucho que no tengo ni una foto.  Llegué muy dolorido al albergue. Si no recuerdo mal era de unas 20 plazas y habían 24 personas esperando, cagada, no teníamos sitio. Por lo visto también dejaban dormir al raso en un campo de frontón. Guille empezó a dar vueltas por la zona a ver si le informaban dónde encontrar más estancias. Mientras, yo descansaba y estiraba. Cuando llegó, me dijo que el albegue más próximo estaba a 3-4 km. Me había recuperado bien, de nuevo no me dolía (todo y que estaba hinchada) y nos pusimos en marcha.

¡Go, go, go! No vimos muy claro donde narices estaba el siguiente albergue, y decidimos ir a Bilbao.

Estaba a punto de llegar uno de los momentos mas jodidos para nosotros. Al iniciar la subida del monte Avril, el Sol empezó a apretar de lo lindo y se nos acabó el agua. Estábamos deshidratados. Buscábamos algo o alguien que nos diese agua, llegamos a pasarlas canutas. Al final encontramos a un tipo que tenía una manguera enchufada a un sitio que echaba (literalmente) agua blanca. Nos llenó las cantimploras, nos las bebimos y las llenamos de nuevo. Nos “salvó” la vida. No adquirimos superpoderes, pero tampoco enfermamos.

Llegamos a la cima del Monte Avril, se veía a ratos Bilbao. Eran las 14:15h, vimos un bar al empezar a bajar la montaña y se negaron a hacernos bocatas, argumentaron que tenían mucha faena. Ahí teníamos unos pinchos si queríamos… nos fuimos, vergonzoso.

Estábamos a nada de Bilbao. Habíamos recuperado la etapa perdida de cuando nos quedamos en el monasterio, ¡grandes! Nos sentíamos genial.


¿Fin de la etapa? ¡Que va! Nos tocaba la ardua tarea de encontrar un albergue. Fue imposible. Dimos muchas vueltas, fuimos a muchos sitios. Estábamos agotados. Al final fuimos a un Hostel el cual también estaba lleno. Afortunadamente el responsable del lugar siempre guarda dos camas por si se equivoca, y nos las cedió al creer que no habría problemas. Cada uno durmió en una habitación distinta, la noche costaba unos 15 euros creo. Habitaciones de 6 personas, taquillas, varios baños completos y limpios, cocina, zona de ocio común, a 10 min de todo, una pasada. Nos quedamos disfrutando por Bilbao ya que nos sobraban días y no podía continuar con las etapas. Os dejo con varias fotos estando por allí. Fueron nuestras pequeñas y merecidas vacaciones.

Y esta fue nuestra aventura. Entre las últimas fotos encontraréis un selfie con el señor de “hostel” que nos cedió las camas. ¡Mil gracias! También un grupo de jóvenes con quienes pasamos un par de noches jugando a cartas hasta las tantas. También nos escapamos a una de las playas más cercanas. Y como no, la triste despedida.

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